Hoy me di cuenta de algo bastante curioso – que mis mejores reflexiones, ultimamente, suceden en el baño. Ya sea en la ducha o sentado en el biorsi (o sentado en la ducha a veces, por que no?), es como que entro en un estado de foco y paz mental, lo cual me permite pensar sin esfuerzo.
Fue asi como hoy, en uno de estos momentos de claridad, me di cuenta que este año es el 2007. Es decir, diez años exactos (mes va, mes viene) desde la finalizacion del ciclo de Cha Cha Cha por America TV.
Una ocasion que da para reflexionar, y mucho.
Yo a Cha Cha Cha lo encontre de pedo, de accidente. Una noche en el ‘92 estaba al cuete (raro en mi, no? mi ocio es mi mejor reputacion). Habiamos terminado de cenar, eran como las diez y pico, cuando me puse a hacer zapping. Sin querer, lo juro, cai en la pantalla del 2.
De repente me encontre frente a frente con dos caras desconocidas hasta entonces, dos comicos de los cuales no habia oido hablar, ni habia visto antes jamas. Eran Casero y Alberti, en un sketch que sorprendia y, precisamente, hacia reir por la desfachatez de su propia presentacion. Era barato, se veia barato, pero el enganche era que a diferencia de otras presentaciones baratas, en las cuales los presentadores o participantes ignoraban el hecho de su baratez, o pretendian esconderla hasta llegar accidentalmente a la tragedia propia del momento (un programa de cumbia que lo ven 4 tipos por el canal 6172, por ejemplo), no… esto era distinto. Este sketch – y me imagine en ese momento, el programa todo – no solo no ocultaba lo barato, lo banal y el desparpajo con que encaraba su desfachatez, sino que estaban orgullosos de eso. Lo enarbolaban como estandarte.
El sketch era uno de Fleitas y Chechile – ambos aparentemente pilotos de algun tipo – que se perseguian, casco en testa, por un desolada vereda de un tranquilo barrio porteño. Luego del encuentro y posterior trenzada en combate mortal con cuchillos de manteca, en plan duelo de gauchos, uno de ellos es acuchillado sobre un paredon, en plan Leonardo-Faviano, y cae agonizante. Sus ultimas palabras? “Soy tu padre, Luke”.
Los que me conocen, saben bien que no hace falta mas que algo tan simple como esto para volarme el balero permanentemente. Tengo una debilidad muy grande, la cual jamas aceptare, por el surrealismo. Mas aun, cuando es un surrealismo que me hace cagar de risa.
Fue asi que por accidente y timing aleatorio del zapping comenzo mi idilio semanal con Cha Cha Cha, el cual se mantiene firme hasta hoy. La finalizacion del programa fue solo un suceso mas. Casi hasta diria indistinto. El idilio sigue, alimentado por la memoria.
Que decir de Cha Cha Cha? Primero decir que aparecio en el momento indicado, por lo menos para mi. Era el año ‘92. El ultimo gran suceso comico que tuvo el pais habia sido el genial Olmedo, que se habia ido a mediados de los ochenta. Yo era muy pibe en ese entonces para entender a Olmedo. Me reia con el, por supuesto (como no reirse con Olmedo?), pero de lo que el intentaba comunicar mediante su humor, yo entendia muy poco. Tendria diez, once años cuando murio, y la edad de oro de Olmedo con “No Toca Boton” habia sucedido cuando yo era mas nene. Imposible de apreciar (aunque lo hago ahora, de la distancia).
Y paso que Olmedo se fue de repente, dejando un vacio que por años no se pudo llenar. Si, estaba Gasalla con su “Palacio de la risa” a fines de los ochenta, pero a mi Gasalla nunca me termino de gustar. Gasalla para mi fue/es un buen comico, pero su estilo acelerado y hasta histerico a veces, jamas me termino de conquistar. Vamos, que me arrancaba unas risas de vez en cuando, pero nada mas. Tambien estaba Tato, el eterno Tato, que seguia haciendo de las suyas. Ese vano intento de decadas en traducir a algo entendible una realidad argentina que era cada vez mas irreal. Yo a Tato lo disfrutaba mucho, porque tenia esa cosa a veces de trascender lo que son los conceptos estaticos de escena, sketch, etc… . Mas alla de los limites propios que tenia su formato, Tato siempre planteo un humor muy inteligente, y para los fines de su eterno ciclo, ya estaba con esa cosa mas creativa, ese romper un poco las reglas establecidas de que mostrar y que no, como armar un sketch televisivo y como no. El “problema” de Tato (mas problema mio que de Tato, a decir verdad) es que el suyo era un humor no solo muy inteligente, sino que gran parte de ese humor dependia de que el televidente estuviera al tanto de la realidad actual que el describia o mofaba. Sin eso, perdia gran parte de su punch. Mis recuerdos de Tato son mas o menos al final de los ochenta, y yo era algo apenas entre nene y adolescente. No entendia mucho de “la realidad actual argentina” en ese entonces, ni queria entender. Habia mucho de Tato que me pasaba volando por arriba, pero igual yo apreciaba su humor. De cualquier manera, Tato no llenaba el vacio que habia dejado Olmedo. Ni siquiera lo intentaba. Lo de Tato era otra cosa, que existia paralelamente y estaba bien.
Altavista tambien fue otro grande que se fue en el ‘89, pero sin embargo – pese a que lo respeto y lo valoro por la bocha de trabajo que hizo durante tantos años – jamas senti a su desaparicion como una perdida personal, ni a la desaparicion de su ciclo en los mismos terminos de perdida. “Minguito” (al igual que Calabró y sus dos personajes) jamas me gusto. A mis viejos les gustaba, pero a mi jamas. Sencillamente no me hacia reir, y esto no es una determinacion del valor del trabajo de Altavista, sino mas que nada una afirmacion del tipo de humor que me gusta a mi. Nada mas.
Ese vacio duro hasta que llego Cha Cha Cha. Cuando todo el mundo esperaba a ver quien era y cuando aparecia “el proximo Olmedo”, aparecio Cha Cha Cha. No era el proximo Olmedo, era algo nuevo. Decada nueva, cultura nueva, codigos nuevos. Un nuevo paradigma del humor. Caras hasta entonces desconocidas salvo para los frecuentadores de los teatros under porteños. Un tipo de humor nuevo, que apelaba tanto a la memoria nacional para tantear sentimientos olvidados y bañados en la nostalgia, como a la apreciacion por el absurdo y el ridiculo, por lo desencajado y lo irreverente, por la creatividad y la improvisacion.
Era el ‘92 y a mi ya se me estaban empezando a despertar las neuronas (y no, en el 2007 aun no estan del todo despiertas). De repente me encuentro con el humor de Cha Cha Cha, y por primera vez con un humor que me hablaba a mi. En mi lenguaje, apelando a mis ideas, guiñandome un ojo complice y cagandose de risa junto a mi, de las cosas que sabian bien que me iban a hacer reir. Esto no era Olmedo, Altavista o Calabro haciendo reir a mis viejos y de paso a mi de vez en cuando. Esta era mia, me hablaban a mi, en un lenguaje que no solo un pibe de catorce o quince en el año ‘92 entendia perfectamente, sino que era el lenguaje diario que una persona asi utilizaba.
Quizas fue por eso que me engancho a los pocos minutos y nunca mas me dejo. De mas esta hablar del talento nato de la gran mayoria de los – por entonces – desconocidisimos actores. No mas basta con ver a esos mismos nombres actuando fuera de su elemento tipico de Cha Cha Cha, verlos en otras pantallas y haciendo otras cosas, para darse cuenta que antes que nada eran excelentes actores. Tambien esta un poco de mas hacer mencion a la creatividad y a la originalidad increible que demostraban semana tras semana. Para esto, basta con ver un poco del programa y se acabo. Punto confirmado. Cha Cha Cha es, hasta diria, imposible de definir en pocas palabras, porque era algo que trascendia lo poco y lo puntual. No era Olmedo haciendo tres o cuatro geniales personajes por una hora, ni Calabro haciendo dos caricaturas durante una decada, ni Altavista haciendo su entrañable ‘Mingo’ toda su vida. Cha Cha Cha era algo nuevo todas las semanas, y si habia material repetido, se lo torcia y modificaba tanto que parecia nuevo. Jamas habia visto, ni he visto desde aquel entonces, un programa con el cual uno se sentaba a ver cuando empezaba y no tenia la menor idea de lo que iba a ver, or como iba a terminar. Lo unico seguro era que cualquier cosa mostrada iba a ser divertida como minimo, rabiosamente desopilante hasta la paralisis facial de la risa como maximo.
Tomas Abraham escribio algo hace años que me parece aun hoy muy acertado. Dijo, “Con el diez porciento de los buenos momentos de Cha Cha Cha, han habido comicos que han hecho carrera de años”. Demasiado cierto. Siempre existio en Cha Cha Cha, cualquiera de sus reencarnaciones y subtitulos, una abundancia de material que parecia milagrosa e inagotable. Al tener pocos limites y no verse confinados por los estrictos bordes de un formato, una forma de actuar, una forma de escribir o una forma de mostrar cosas, Cha Cha Cha tuvo la libertad y la amplitud creativa para ir a lugares muy poco comunes, y desde ellos traer siempre la risa.
Cha Cha Cha termino abruptamente? Puede ser. Habia para mas? Si, no tengo dudas. Era necesario que siguiera? Quizas no. Quizas lo unico que necesitemos son esos cuatro o cinco años temblorosos de Cha Cha Cha en la memoria. Quizas si seguia por una decada, se hubiese deteriorado, hubiese caido en lugares mas comunes y poco graciosos. Quizas si fue mejor una muerte subita, y comparativamente menos dolorosa, a ver como se diluye y descolora lentamente lo que queremos a lo largo de los años.
Pero no todo es melancolia y lagrimas. Cha Cha Cha murio, si, pero la mayoria de sus integrantes no murio con el programa, ni mucho menos su talento. Cerraron la puerta, apagaron la luz y siguieron por otros rumbos, haciendo otras cosas. Ya me extendi mucho con este post. Habra que hacerlo en dos partes.
Para la proxima, unos comentarios del elenco de Cha Cha Cha. Y ahi tambien si que hay mucho y bueno para decir.
March 15, 2007 at 2:05 am
Batman patrullando en el DKW, snif…
March 15, 2007 at 5:52 am
Sep. Ya lo tenia guardadito en el HD a ese clip, y a otros.
Es un DKW o un Gordini?
March 16, 2007 at 2:43 am
DKW – Auto Union, despues fue Audi. El Gordini era de Renault…